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sábado, 30 de marzo de 2013

UN LUGAR PARA LLORAR

Un lugar para llorar
La llaman el hotelito, por su lindo aspecto y por el tipo de huéspedes.
Cuando me hablaron de este lugar, tuve muchas aprensiones, divague pensando en el tipo de construcción, en su mantenimiento, en sus paredes en sus camas en todo, pero lo que no imaginaba era que encontraría aquí, personas luchando una misma guerra, ajenas a los problemas religiosos, raciales, territoriales, políticos.
Aquí se unen en un mismo dolor para luchar contra un mismo enemigo. Este que no discrimina en edad, ni en sexo, ni color de piel, ni a que Dios rezas, que tampoco le importa si tienes o no dinero, si tu educación fue formal, o aprendiste de la universidad de la vida, o si te graduaste en una calle a altas horas de la noche.
No, aquí en este lugar donde las placas que recuerdan grandes personas, decoran las paredes, donde el servicio si es de 24 horas, donde la comida se sirve en estrictos horarios, donde los baños tienen un botón rojo, para pedir ayuda, si te pasa algún accidente en ese espacio tan privado y tan necesario. Aquí todos somos iguales.
Compartimos las comidas en el comedor, así pude ir conociendo uno a uno a los otros huéspedes. El primero un hombre de unos 60 años, quien amablemente me invito a desayunar en su mesa en mi primer día aquí, supongo que se dio cuenta de mi sentimiento de sentirme una intrusa en esta casa.
En la misma mesa estaban un joven sudanés, una mujer árabe con atuendo típico musulmán, un hombre con aspecto malhumorado, que deduje seria ruso, una mujer anciana muy linda de unos 80 años, que vestía el ropaje blanco de los pueblos de Etiopia. Después supe que es la Abuela de la actual Miss Israel y yo.
El desayuno era abundante en quesos, frutas y ensaladas. El tema de conversación, pese a los distintos idiomas, era nuestro problema en común. Y todos con un mismo pensamiento y al unísono, todo estará bien ¡
Así en cada comida y en cada café fui conociendo a mis compañeros de dolor. Cada uno con historia, cada uno con una explicación, cada uno sintiéndose responsable del otro, cada uno fingiendo estar mejor que el otro, porque nadie quiere pensar ni mencionar, que estamos todos más cercanos que nadie a la muerte. Ella ronda por nuestros pasillos interiores, golpea una vez al día la puerta de la razón, para recordarnos que solo ella es nuestro premio seguro, cuando nacemos. Todo lo demás son adornos para decorar nuestra vida. Pero lo real es que ella nos acecha desde que nacimos. Y aquí está de fiesta, porque cada uno de nosotros tenemos su marca en nuestra piel.
Gibataim, marzo 2013 . Israel

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Divagaciones y Poesia en Destierro

El atardecer tiene fragilidad de espuma entre los dedos

Viene y va el infiel viento, siguiendo la huella de otras primaveras.

¡Como es tu rostro en este crepúsculo dorado?

¿ y tu risa de niña adolescente?

Hace minutos me llamó tu libro desde la mesa, donde todas las noches equilibrio palabras.

Hay palabras y floridos lenguajes entre sus hojas.

Hay lentitud de sueños y pequeñas caravanas de sonrisas, gestos y recuerdos.

Nombres y rostros que con el tiempo perderán persistencia y relieve,

Que dejaran mensaje y poesía como liviana siembra de juventud y belleza.

¿Cómo pondré entre todo ello mi enojosa aspereza?

Donde estará la voz precisa de tu sapiencia y encanto?

¿De donde extraeré el eco necesario para la tarea diaria?

Quisiera detener entre las manos, la arena implacable de las horas y ofrecértela.

¿No sería acaso este mi mejor regalo?

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